domingo, 17 de julio de 2011

Pintoras surrealistas

  -En tu casa se está más fresco que en la mía, tita, ¿me das asilo esta tarde?

     
  -¿Qué ojeas, Martina?
  -Un libro sobre pintoras surrealistas. Mira, éste es de Leonora Carrington. Tenía desde pequeña un caballito de madera que se llamaba Tártaro en el que montaba y se sentía caballo, sentía que ella era un caballo. Cuando creció, su padre desesperado por su rebeldía de potranca decidió que debía madurar y se lo quemó. Leonora sufrió mucho.
  -Aquí ella escapa por la ventana.
  -Sí, el exorcismo de la creación. Mira éste de Maruja Mallo.
  -Si ves la huella como unos ojos, la hoja enmudece la boca.
  -Y los ojos-huella entristecen.
  -¡Qué lindo, Martina, qué tierno!
  -¿Cuál, tita?
  -El del tiempo de Remedios Varo, parece que lo ha pintado el espíritu de un niño. ... ¡Oh, qué poderío! Es fascinante... a ver... Leonor Fini. ¡Para hacerse una estampita y mirarla cuando una esté depre! Creo que daría mejor resultado que santa Rita.
  -Y éste de Norma Bessouet ¿te gusta, tita? 
  -Sí, mucho, ¿abre la puerta o cierra la puerta?
  -¡Qué cada ojo decida! ¿Qué buscas, tía Blasina?
  -Yo también tengo una.
  -¿Puerta?
  -No, lámina favorita. Mira.
  -... Tita, Arcimboldo ni es mujer ni es surrealista...
  -Es igual, me gusta, como si lo fuera. ¡Qué hombre más lúdico! Me motiva...
  -Tita, ya estamos...
  -Hija, una no es espíritu puro...
  -Pues ya no lo encuentras, es del XVI.
  -Dame tiempo, unos añitos más.

 
 

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