-¿Qué
haces, tía Blasina, con ese papel de seda y esas cañitas? ¿Terapia
manual?
-Pues
mira, Martina, sí, un poco. Construyo una cometa para el Día
Mundial de las Cometas.
-Pero
ese día es en enero...
-Pues
ahora también lo serán los domingos de septiembre, Martina. Estamos
convocados todos, grandes y pequeños, en las azoteas y terrados,
terrazas y terrazos, en ciudades, pueblos y aldeas, en los barrios y
las calles, para volar cometas que hayamos hecho con nuestras manos:
de papel, de hojas de periódico, ¡de muselina si alguien quiere!
-O
las compramos.
-No,
es condición hacerla uno mismo, con sus manos, imaginación y
cariño, como hacen algunos niños y niñas de Gaza, y si hace falta,
con la ayuda de las amistades o la familia.
-¿Y
cómo te has enterado, tita?
-Porque
me ha llegado esto volando, Martina. Anda, léemelo, aunque ya me lo
sepa de memoria.
-“Quizá
algún domingo de septiembre deba declararse Día Mundial de las Cometas, en conmemoración por el final de agosto en que el ministro de
Defensa de Israel amenazó a los palestinos de Gaza con duros ataques
si volvían a lanzar cometas a territorio israelí.
Ese
día también se puede conmemorar la muerte de la alegría de los
niños y niñas de Gaza cuando fabrican y vuelan sus cometas, olvidándose de que viven en tiendas de campaña y viviendas
semiderruidas, olvidándose de que pasan hambre y el agua potable
escasea y tienen que acarrearla en bidones junto con sus hermanos y
hermanas.
Ese
día se puede conmemorar que no se les van a acabar las vacaciones, porque apenas hay escuelas a las que ir y podrían seguir volando
cometas hasta que llegase el otoño con sus lluvias y las empaparan,
como las tiendas en las que viven, si ese ministro israelí no les
hubiera metido miedo y los culpabilizara de futuros ataques.
Ese
día se podría conmemorar con el vuelo de las cometas en todas las
ciudades, pueblos, aldeas, barrios del mundo que todos los niños y
niñas tiene derecho a jugar, como lo tienen a comer, beber y
asearse, allí en Gaza, en Sudán, el Sahel... en tantos y tantos
lugares del mundo donde se borra su infancia.
Ese
día también se podrían dar clases magistrales de qué significan
los verbos y cómo se usan. La cometa se “escapó” y la niña
lloró encorajinada y el niño lloró triste, porque el viento se la
llevaba lejos muy lejos. La cometa “fue lanzada”: aparte de que
físicamente es imposible por su falta de peso, un ministro de
Defensa usa ese verbo para amenazar con ataques a una población
indefensa”.
-Y
digo yo, Martina, que también habría que buscar otro día, en noviembre
estaría bien, el mes de los difuntos, para conmemorar la cobardía,
la hipocresía, el cinismo y la desvergüenza de todos los líderes
mundiales que tienen en su mano hacer algo y no mueven un dedo, nada
más que la lengua bla, bla, bla.
-De
acuerdo, tita, pero a lo que íbamos: aquí no dice una fecha
concreta, solo un domingo de septiembre, ni la hora.
-Cierto.
Es como el vuelo de los niños y las niñas en sus juegos, no tiene
hora ni día y, sin embargo, saben ponerse de acuerdo. Cualquier
domingo por la mañana, este o todos, es buen momento para reunirnos
en multitud y volar cometas. Un cielo lleno de cometas no mata a
nadie.
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