domingo, 13 de mayo de 2012

¿EXISTE EL 15M? LA RESPUESTA, AQUÍ, A 12M

   -¡Tía Blasina, qué ojeras tienes! Creo que deberías haberte vuelto un poco antes de Las Setas.
   -Sí, también el kioskero de las chuches me ha preguntado por ellas. Como es tan cotilla, le he dicho que anoche estuve haciendo el amor con el 15M.
   -¡Tita, por dios, lo que hace falta para que cierta gente desacredite es que piensen que en las acampadas se montan orgías!
   -¡Qué va, Martina, se rio mucho! Lo que sí es que me preguntó con mucha sorpresa ¿pero el 15M existe todavía?
   -Y tú no desaprvechaste...
   -Por supuesto, hija. Le dije:
Uno, el 15M existe porque se ve a mucha gente en las manifestaciones.
Dos, el 15M existe porque en los barrios hay Asambleas de Barrio, cosa que también se ve con los ojos, porque en las pancartas firman, por ejemplo Cerro-Amate.
Tres, el 15M existe porque aparece en todos los medios de comunicación, y ya se sabe que todo lo que aparece en los medios de comunicación existe, aunque sea un elefante volador.
Cuatro, el 15M existe porque practica una técnica de existencia muy antigua: "Pienso, luego existo".
Quinto, el 15M existe porque conozco gente de carne y hueso que está en él, no son como los activos financieros.
Sexto, el 15M existe porque si dejara de existir las personas de buena memoria lo habrían resucitado.
Y sétima, el 15M existe porque queremos que exista, ea.
   -¿Y el señor de las chuches?
   -Me ha puesto cara de Rajoy y me ha metido diez pictolines en la bolsita en vez de la docena, y me ha cobrado igual que siempre...  
   
...pero yo, a cambio, le he regalado una fotito de ayer. Esa donde estamos tú, yo y La Escribana Pendolista  al fondo, bajo el gran árbol de la vida.

sábado, 12 de mayo de 2012

15M Cara a Sol vs. Cara al sol 20N

   -¡¿Dónde estás, tita?! ¡¡No te veo!!
   -¡¡Aquí, cara a Sol!!
   -¡¿Pero no estabas aquí, en Las Setas?!... ...¡¡No te escucho, se pierde!!
   -¡¡Estoy aquí, en Las Setas, cara a Sol, ¿o es que crees que no sé orientarme y no sé por dónde cae Madrid!! 
      -Cuelga, tita, te encontré.
   -¡Uy, Martina, qué bien, con tanta gente no creí que te vería!
   -Deja, deja, que mañana los miles de Sevilla, para los amigos serán quinientos.
   -Da lo mismo, hija, los que estamos aquí sabemos que no, lo contaremos a los vecinos, a la cajera del súper, a la familia, al frutero... y los que todavía andan cantando el Cara al sol, que se jodan.
   -Dicen que en Madrid, cuarenta mil.
   -Bueno, el 31 de diciembre nos enteraremos, cuando digan la gente que se comió allí las uvas ¡¡o podemos congelar la imagen de vídeo mañana y contar cabezas!!
   -Estás loca, tita.
   -¡De alegría, Martina, salir a la calle, recuperar la palabra! Ojalá las personas siempre sepamos que tenemos palabra y el derecho a decirla, que toda palabra es importante y que si la perdemos, estamos muy perdidos!
   -Y hablar también es actuar, decir sí, decir no, también es construir. ¡Mira, tía Blasina, ahí está La Escribana Pendolista !
   -¡¡Eh, eh, eh!! ¡Aligera, Martina, que la perdemos, que somos muchos, muchos, muchos! ¡¡Escribana!!
   -¡Blasina! ¡Martina!
   -¡Te has levantado de tus libros!
  -¡Es que aquí también hay palabra, queridas, y muy importante!

    
    

domingo, 6 de mayo de 2012

Impuestos, Rajoy y Guzmán el Bueno

   -¿De qué te sonríes así, tía Blasina? Cuenta, que yo también quiero.
   -Es que he recibido una carta de Ale, mi italianini preferido.
   -Huuuummmm...
  -No, Martina, con él mantengo casta amistad e intercambio postal clásico. Él me cuenta de las sandeces de su país y yo de las burradas del nuestro. ¿Sabes que por allí algunos llaman a Rajoy il signore Forbici?
   -...
   -El señor Tijeras. Te leo:

Hermana Blasa:
Para que veas que nuestros antepasados, por muy bestias que fueran, son, a su vez, precursores de nosotros, que en lo de bestias tampoco nos quedamos cortos, te voy a contar lo que le sucedió a un noble vasallo del Emir de los Benimerines, llamado, como no podía ser de otra forma, Alonso Pérez, o Alonso Pérez de Guzman.
Este caballero había sido enviado por su señor a cobrar los impuestos de unos rifeños nómadas, que llenos de sentido común, no tenían el menor interés en pagar impuestos a un rey cuya utilidad les resultaba un tanto arcana.
Llegó nuestro caballero a los agrestes montes del Rif y allí estaban los sujetos pasivos de los impuestos reales como si tal cosa, haciéndole ver de inmediato al señor don Alonso Pérez que por allí se va a la Meca y por el otro lado a otro sitio, que no es decoroso concretar. Así que marchando…
El Caballero montó en cólera. Desde la propia montura de su alazán, a la vez que emitía un gruñido intraducible, desenvainaba espada, picaba espuelas y su caballo se ponía al galope, seguido de otros diez mil con sus jinetes en postura semejante a la del Caballero.
Hubo un momento de sensatez en los rifeños y, en breves galopadas, se dispersaron por las montañas próximas perseguidos por los cobradores de impuestos…
Al caer la tarde, los rifeños solicitaron tregua y ambas partes se retiraron a parlamentar. Los rifeños debatieron entre ellos el pago y utilidad de sus impuestos, así como la solicitud de aplazamientos. Los guerreros de Alonso Pérez eran partidarios de matar a los rifeños y arramblar con todo lo que pudieran. Pero allí brilló la privilegiada cabeza del Caballero, que se opuso a tal matanza, pues se trataba de seres humanos en activo, considerando que si los mataban, ya no podrían pagar más impuestos, y el Emir de los Creyentes se las iba a ver y desear con los mercados, las primas de riesgo y cosas peores, con el añadido de que al propio Caballero y a su tropa les iba a resultar difícil que la Hacienda del Emir los contratara en el futuro. Los aguerridos recaudadores pensaron, meditaron y hasta comprendieron razonamientos tan alambicados como esos, y miraron con mejores ojos a los morosos fiscales. Estos, a su vez, consideraron razonables las cuentas del fisco y algunos dellos hasta presentaron obsequios personales a los caballeros.
Moraleja: Hasta el obtuso razona cuando se le explica claramente una situación…
Todo lo que te refiero, en mayor detalle, puedes encontrarlo en el “Codice istruttivo a ottuso e sciocchi”, en su Esempio XIV.
Te saludo, mi estimada Blasa:
Alexander Cotta di Malla

   -Habrá que leerlo, tita, aunque traducido, claro.
   -No, hija, la mayoría de la gente no necesitamos leer “Códice instructivo para necios y obtusos”, nos aprovecha más “Hay alternativas” y nuestro propio sentido crítico.


jueves, 3 de mayo de 2012

Economía fascista: prepotencia y despojo

   -Neofascismo, eso es lo que es, fascismo puro y duro, eso sí “lleno de humildad” y “porque no queda más remedio”. Serán... ¡Qué se puede esperar de gente que toda su vida ha pensado que la letra con sangre entra! Pues las reformas también, y si no te gustan, dos platos y como protestes, me saco el cinturón y te arreo. Así, Martina, están las cosas.
   -Y peor también, tita. ¿Recuerdas a Francisca, esa mujer menuda y vivaracha, la suegra de Antoñita, la del bar, que hacía unas tortillas riquísimas?
   -Claro, hija, no me voy a acordar... Pero desde que se jubiló ya no la he vuelto a ver.
   -Pues yo la vi ayer, ha vuelto para ayudar a su nuera. El bar se hunde lentamente, la tostada, media, la ración, media, de desayuno completo a café solo. Su nuera llora por las esquinas porque votó al PP. El cabrón de Rajoy, dice, que nos iba a ayudar a los pequeños empresarios, pero cómo, coño, ¡si está dejando a la gente en la calle y los sueldos por los suelos! Y también me contaba que clientes suyos que nunca han bebido más que un par de cervezas, ahora salen de allí piripis. Dice que ella no es sicóloga ni esas cosas, pero que muy ciego hay que estar para no darse cuenta de lo que está sufriendo mucha gente. Una señora que estaba a mi lado con un café saltó ¡es como si a mi marido le hubieran cortado los cojones de golpe! Todo el día del INEM al sofá y la tele, que ni la mira de lo mustio que está, gracias a dios que no se para en el bar.
   -Martina, y Francisca, ¿cómo está?
   -Tan diligente y lúcida como siempre, con sus 75 muy bien llevados. Ahora va, cuando puede, a un centro de adultos a aprender a leer, pero está muy preocupada, te voy a contar la conversación que tuve con ella:
   -Sabe usted, Martina, con todo esto que está pasando, tengo miedo. No sé a dónde vamos a llegar. Me recuerda cuando yo era chica.
   -Mujer, no va a haber otra guerra civil...
   -No, si no es por eso, es que me acuerdo de la hambruna de la posguerra.
   -No creo que lleguemos a esa hambruna, Francisca...
   -Es que no sé explicarme, le cuento. Cuando yo era chica, un día mi padre fue a por leña a casa de un tío mío, pero no se crea que leña de cortar árboles, leña de la que se recogía por el suelo, que él nos la daba para que tuviéramos con que calentarnos. Yo era chiquitilla y me gustaba acompañarlo. Cuando volvíamos, un guardia civil lo paró y le preguntó de dónde había sacado la leña, mi padre se lo explicó. Los papeles, le dijo el civil, y mi padre se puso a rebuscarse un papel muy dobladito que siempre llevaba, pero no lo encontró, y el guardia civil le dijo sígame, y yo trotando detrás de mi padre, asustaíta perdida. Nos hizo cruzar el pueblo de punta a punta, por la calle principal, toda la gente mirándonos, y cuando llegamos al cuartelillo le dijo a mi padre, pon ahí la leña y vete. Se quedó con nuestra leña. Cuando pienso en lo que está pasando, me acuerdo de esto que te he contado. Es lo mismo.
   -Martina, hija, Francisca no sabrá leer ni escribir las palabras prepotencia y despojo ¡pero qué bien sabe verlas! ¡Si todo el mundo tuviera sus ojos, no nos dejaríamos quitar nuestra leña!

domingo, 22 de abril de 2012

“Grupo 7”, la peli de la prima Merchi

     -Tita, vengo del cine, he visto la película de donde vivía la prima Merchi. ¿Te acuerdas de quién es?
  -¿Merchi? ¿La que se vino del pueblo con su niña chiquita porque el marido la dejó por su mejor amiga y el asunto estaba en boca de todo el mundo?
  -Esa, tía Blasina, que vivía en un sitio muy cutre que hasta daba miedo.
  -Pero eso fue hace un siglo, allá por los 80 lo menos...
  -¿No recuerdas el día que fuimos a verla, que en el patio de vecinos se nos quedó mirando un hombre muy canijo con una pinta medio qué...?
  -¡¿Y que subiendo la escalera un viejo verde que bajaba te miró de arriba abajo como si te desnudara?! Claro, Martina, ya me acuerdo, que aquello parecía más que una casa de vecinos un derribo, con ese zaguán con los buzones abollados y descascarillados, y las paredes con esos desconchones, y el ventanuco de la escalera con el cristal roto lleno de telarañas...
  -¿Y que cuando llegamos al rellano de la prima Merchi, en la puerta de al lado, había un hombre enchaquetado con pinta de ejecutivo cogiendo algo que le daban por la puerta apenas entreabierta?
  -Claro que me acuerdo, Martina, que nos quedamos allí plantadas, porque la puerta de tu prima estaba tan pegada a la otra que tuvimos que esperar a que el enchaquetado huyera, ¡y la cara de susto que puso!
   -Y de mala leche, tita, que le preguntamos a la prima de qué iba aquello.
   -Sí, hija, sí, no me voy a acordar, que estaba yo abriendo los pastelitos en la mesa camilla de aquel cuadrado al que tu prima llamaba salita, con su niña pendiente de su bollo de leche y oigo un griterío en el patio de vecinos y cuando me asomo, veo a ese hombre escuálido como una calavera corriendo y a esa mujer detrás de él, blandiendo un cuchillo jamonero y gritando “¡Te voy a matá, hijo puta!” y tras ella otro hombre, estoque de torero en ristre, “¡Déjamelo a mí!”. Como para olvidarlo, Martina, que se me acogotó la risa con el miedo.
   -Pues eso no es todo, tita, en la película también sale el garito que había en los bajos de donde vivía Marcela cuando se vino a estudiar aquí. Tú no la conoces, pero la primera vez que fui a su casa, ya de noche, casi me parto de la risa porque de ese bar, que tenía una puerta entreabierta muy pequeña y de donde apenas salía luz, sí salía a todo volumen ¡música de Semana Santa, y era otoño! Marcela me dijo que era un sitio muy raro, que le daba repelús porque nunca veía salir ni entrar a nadie, ni se veía adentro más allá de una franja de decoración rojiza y abigarrada de cristos y vírgenes. ¡Y por la película me entero de que allí se vendía cocaína a gente de postín!
   -Martina, hija, esa película es una mina de sabiduría. ¿Cómo me dijiste que se llama?
   -“Grupo 7”, tita, no te la pierdas, si quieres voy contigo, y llamo a Merchi y Marcela, por si no la han visto, que se vengan y rememoren viejos tiempos.
   -Bueno, bueno, eso de viejos está por ver, que como nos están poniendo las cosas, esa miseria, que nunca se ha ido, va a parir mucha desgracia.

martes, 3 de abril de 2012

Pintoras surrealistas y pintoras expresionistas

   -¡Caguntó! Que no hay manera, ¿será posible?
   -Serénate, tita, que te van a salir las teclas por debajo de la mesa y el intro por el supermercado.
   -¡Pero tú te crees, Martina, que meto en el gugle una cosa y no me la busca y además me la cambia! Quizás quisiste decir "pintoras surrealistas y pintoras impresionistas", quizás quisiste decir... ¡pues no señor, no quise decir, digo "pintoras surrealistas y pintoras expresionistas" y punto!
   -A ver, tía Blasina... "Pintoras surrealistas y pintoras expresionistas"... Anda, pues es verdad...
   -Y ahora mete "pintoras expresionistas" solamente, verás como a la segunda o tercera página en vez de pintoras expresionistas te sale pintura expresionista.
   -... Cierto... Creo que pintoras expresionistas que hayan trascendido hay pocas...
   -¡Y qué!, ¿es que no tienen derecho a la vida internáutica?, ¿es que no hay nadie a lo largo y ancho del mundo que las haya estudiado junto a las pintoras surrealistas?... ¡Bah! y una que soñaba que la red era libre...
   -No tita, su mismo nombre lo dice: red.
   -Ya... y estas, juntas, no han caído.

"Rote Stadt"   Marianne Von Werwfkin
  

domingo, 1 de abril de 2012

Pintoras surrealistas y cielos grises

   A veces, en primavera, los cielos se tornan grises, lloran, y el suelo se embarra. Una opta por quedarse en casa, parapetada tras los cristales del balcón y llover un poco, aunque solo sea por dentro -siempre es chocante que se mojen las teclas del ordenador-. Y haraganear tristona por el sofá hojeando el libro que lleva un mes leyendo, ojeando en la tele los colorines de una serie que ni ve ni le interesa, quizá huroneando por su pantalla sideral portátil... hasta que recuerda un día en que al fondo de su madriguera internáutica encontró a las pintoras surrealistas: a Carrington, a Remedios Varo, a Leonor Fini y Maruja Mallo, algo de sí misma y algo prestado. Así que penas de nubes agrisadas se agrietan y un rayito azul celeste se cuela entre ellas.
    Pintoras surrealistas. Intro.

"Tránsito en espiral"  Remedios Varo

   Así transita alguien en las tardes húmedas de su interior, secando las aguas amargas, llegando a su centro, descubriendo que no se secó.


"Arca de Noé"  Leonora Carrington

   Y como animal bíblico sube a su propia arca, desparejada del mundo, a solas en su espiral. Y el arca a rebosar de esos animafantasmas desemparejados que pululan entre sus maderas agrietando su piel, ella-arca, y desea...

"Dos máscaras"  Maruja Mallo

   ...que dos sea uno, emparejar seco-húmedo y hacer claridad sonriente, dejar la espiral sumida en caracol, ahí, en medio, ahí...


"Heliodora"  Leonor Fini

  ...y pernoctar entre flores, para amanecer naturaleza viva, ...


"Naturaleza viva"  Maruja Mallo

             ...torbellino de vida, viento arremolinado de luces...

"Naturaleza muerta resucitando"  Remedios Varo

                       ...que funda sus alas en el fuego vital.

"Dithyrambe"  Leonor Fini



  

viernes, 23 de marzo de 2012

HUELGA GENERAL 29 MARZO 2012: NI GASTO, NI ME GASTAN

-Las cosas van mal, tita.
-Los derechos laborales al carajo.
-Se te desata la lengua, tita.
-A otros la poca vergüenza, Martina.
-Iremos a la Huelga.
-Iremos, hija, y ese día a la calle, pero no a la compra, no, que ese día ni se compra ni transporte urbano ni gasolina ni cafetito. Huelga, ni gasto ni me gastan.
-Puede que sea nuestra última huelga...
-Tal como se están poniendo las cosas, Martina, no hará falta ni que reformen la Ley de Huelga, con que el jefe te mire y levante la ceja, no va a quedar otra que agachar el morro, porque la familia come, se viste, necesita techo...

-El miedo es el arma más poderosa, la incertidumbre su munición.
-¿Y la apatía? Ese qué le vamos a hacer, las cosas son así...
-La estrategia de diferir y la estrategia de la gradualidad que decía Noam Chomsky han dado su fruto.
-Sí,y hasta nos piden que seamos compasivos a la hora de juzgar a los gobernantes, porque, pobrecitos, no pueden hacer otra cosa para salvarnos... Así que, ¿sabes lo que te digo, sobrina querida?
-Dime, tía Blasina.
-¡Qué se vayan todos ellos a la mierda, gobernantes, banqueros y chorizos, capitostes, obispos y politicastros, que yo, hija, me voy...

 ¡¡ A LA HUELGA GENERAL EL 29 DE MARZO, QUE LO QUE ES LOS PIES    PARA CAMINAR Y LA BOCA PARA HABLAR AÚN NO ME LA HAN CHORICEADO !!
 ¡¡ PUES ESO, TITA, Y A LA ESFINGE DE LEONOR FINI TAMBIÉN NOS LA LLEVAMOS, QUE NOS RECUERDE A LA LEONA QUE TODOS LLEVAMOS DENTRO!!

Reconocimiento de autoría: Los tres cuadros son de la pintora surrealista Leonor Fini. 

jueves, 23 de febrero de 2012

¡¡Oh, magia de la buena, tía Blasina!!

   -¡Mira, tía Blasina!
   -¡Anda...!
   -¡Qué cosa!
   -¡Ja, ja, ja!
   -Y eso... ¡¡Otra vez!!
   -¡¡¿¿Cómo lo hace??!!
   -¡¡Qué bueno es!! ¿Quién es?
   -Pues Mario el Mago, Martina, ¡qué no estás al loro!


domingo, 1 de enero de 2012

La descastada tita

  -¡Tita, cuánto tiempo sin verte!
  -¡Un abrazo, Martina, déjame que te achuche! Aunque tampoco es para tanto, hija, que de lo único que me he librado es del Fin de Año.
  -Te escapaste el veintiséis a traición, ¿dónde has estado?
  -En la playa, churruscándome con el sol invernal y embargándome con las olas, el cielo, las pollas,... en fin, disfrutando de la ausencia de lucecitas, compradores navideños y humos emplomados.
  -¿Es que te ha salido otro noviete, tita?
  -¡Ay, por dios! ¿Es que nadie conoce las pollas de agua? 
  -Ja, ja, ja... vale, se me olvidaba tu pasión por esos animalitos...
  -Parece que nadie las haya visto nunca correteando y picoteando por la orilla del mar. Bueno, Martina y tú ¿qué?
  -Yo, de encerrada en el trabajo a encerrarme en casa, a ver si así parecía menos navidad, pero a la primera de cambio se me olvidaba apagar los anuncios y ...
 -Cuando volvías a la salita te olía a oooodiggotieooooodigochaas.
  -Más o menos, estuve un día en un tris de comprar zotal. Pero también me he hinchado de leer tita.  
  -Suelta.
  -"La hija del clérigo", de Orwell, que no te la aconsejo si no la lees con Prozac, aunque teniendo en cuenta que es de la década de los 30 y si ya te has leído a Jean Rhys...
  -Pues nos acercamos al retrato de lo que va a ser nuestra década. Te habrás quitado el sabor de boca ¿no?
  -Sí, del hiperrealismo al hiperdescriptivismo, he vuelto con Proust después de meses de ponerle los cuernos con unos y otras. Hemos hecho las paces y ahora nos acostamos juntos ¿y tú?
  -Yo ahora me acuesto con Ramiro, que es como un libro abierto y aún le funciona el marcapáginas.
  -Pregunto que qué estás leyendo ahora, tita...
  -Ahora a ti querida, que eres otro... Dame un beso, anda, que me voy a recoger tu regalo de Reyes, no vaya a ser que te vean con ese ceño, se arrepientan y te echen carbón.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Os deseamos que no seais infelices estas fiestas

-Solo mirar, Martina.
-Solo eso, tita.
-No vale pensar.
-Ni decir.
-Sólo mirar, ¿verdad, Martina?
-Sí, tía Blasina, solo eso, mirar en silencio.

martes, 6 de septiembre de 2011

Carrington, Rhys, Dickinson: Yeguas de patas quebradas y alas cortadas que vuelan

   -Mira lo que te traigo, Tía Blasina.
   -A ver... La dama oval.
   -Es un relato escrito por Leonora Carrington. ¿Recuerdas lo que te conté hace unas semanas de ella y su caballito Tártaro?
   -Claro, Martina, y también el cuadro que pintó para exorcizar su dolor.
   -¿Y que ella, de pequeña, decía de sí misma I am a mare, yo soy una yegua?
   -No, eso no. ¡De niña se tendría que sentir un torbellino de energía y libertad! No me extraña que sufriera tanto cuando su padre le quemó a Tártaro. 
   -Pues lee, el sufrimiento también lo exorcizó escribiendo:

"Una dama muy alta y muy delgada se hallaba de pie delante de su ventana. La ventana era también muy alta y muy delgada. El rostro de aquella dama era pálido y triste. Permanecía inmóvil y nada se movía cerca de la ventana, excepto una pluma de faisán que llevaba prendida en sus cabellos.Aquella temblorosa pluma atraía mi mirada. iSe remecía tanto en aquella ventana donde nada se movía! Era la séptima vez que yo pasaba por delante de la mencionada ventana. La dama triste no se habla movido y, a pesar del frío que hacia aquella tarde, me detuve. Tal vez los muebles eran tan altos y delgados como ella junto a su ventana, y tal vez el gato (si es que había uno) respondía también a tales elegantes proporciones. Yo deseaba saber, era presa de curiosidad y de un irresistible deseo de entrar en la casa simplemente para cerciorarme. Antes de caer en la cuenta de lo que hacía, me hallaba en la entrada. La puerta se cerró sin ruido detrás de mi, y por primera vez en mi vida me hallé en una verdadera mansión aristocrática. Era sobrecogedor. Primero, el silencio era tan distinguido que apenas me atrevía a respirar; luego, los muebles y los objetos de adorno eran de una elegancia suma. Cada silla era por lo menos dos veces más alta que las sillas corrientes y mucho más angosta. Para aquellos aristócratas, hasta los platos eran ovales y no redondos como los que usa todo el mundo. En el salón donde se hallaba la Dama Triste el fuego brillaba en la chimenea y habíauna mesa llena de tazas y pastelillos. Cerca de las llamas, una tetera esperaba tranquilamente que su contenido fuese bebido.
Vista de espaldas, la Dama parecía aún más alta: tenia, a lo menos, tres metros de altura. El problema era éste: ¿cómo dirigirle la palabra? ¿Decirle que hacia un tiempo de perros? Demasiado trivial. ¿Hablar de poesía? ¿De qué poesía?
- Señora,¿le gusta a usted la poesía?
- No. Detesto la poesía -me contestó con una voz de fastidio, sin volverse hacia mi.
- Beba una taza de té; esto la tranquilizará.
- No bebo, no como. Lo hago para protestar contra mi padre, ese cochino.
Tras un cuarto de hora de silencio, ella se volvió y quedé sorprendida al advertir su juventud. Debía tener unos dieciséis años.
- Es usted muy alta para su edad, señorita. Cuando yo tenía dieciséis años, mi estatura era la mitad de la suya.
- iMe importa un cuerno! De todos modos, sirvame un poco de té, pero no lo diga a nadie. Tal vez tome uno de esos pastelillos, pero recuerde sobre todo que no debe decir nada.
Comió con un voraz apetito. Antes de engullir el vigésimo pastelillo, me dijo:
- Aunque me muera de hambre, él no ganará nunca. Desde aquí veo el cortejo fúnebre con sus cuatro gordos y relucientes caballos..., marchando lentamente, y mi pequeño ataúd blanco en medio de una nieve de rosas rojas. Y la gente llorando, llorando...
Tras una corta pausa, continuó, sollozando:
- ¡Aquí está el pequeño cadáver de la bella Lucrecia! Y, una vez muerta, ¿sabe usted?, no hay nada que hacer. Tengo deseos de matarme de hambre, sólo para jeringarlo. ¡Qué cerdo!
Dichas las anteriores palabras, salió lentamente de la estancia. La seguí.
Al llegar al tercer piso, entramos en una inmensa habitación destinada a los niños, donde, esparcidos por todas partes, se velan centenares de juguetes descompuestos y rotos. Lucrecia se acercó a un caballo de madera inmovilizado en actitud de galope, a pesar de su edad, que debía frisar en los cien años.
- Tártaro es mi preferido -dijo ella, acariciando el belfo del caballo-. Detesta a mi padre.
Tártaro se meció graciosamente sobre su balancín mientras yo me preguntaba cómo podía moverse solo. Lucrecia lo contempló, pensativa y unidas las manos.
- Irá muy lejos de esta manera -dijo-. Y cuando regrese, me contará algo interesante.
Al mirar hacia fuera, advertí que nevaba. Hacia mucho frío pero Lucrecia no se daba cuenta de ello. Un ruidito en la ventana llamó su atención.
- Es Mathilde -dijo-. Hubiera tenido que dejar abierta la ventana. Por otra parte, una se ahoga aquí.
Tras eso, rompió los cristales y la nieve entró junto con una urraca que, volando, dio tres vueltas por la habitación.
- Mathilde habla como nosotros; hace diez años le partí la lengua en dos. iQué hermosa criatura!
- iHermosa criatura! -graznó Mathilde, con voz de bruja-. iHermooosa crrrriaturrrrra!
Mathilde se posó en la cabeza de Tártaro, que continuaba balanceándose dulcemente, cubierto de nieve.
- ¿Has venido para jugar con nosotros? -preguntó Lucrecia-. Estoy contenta, porque me aburro mucho aquí. ¿Y si imagináramos que todos nos hemos convertido en caballos? Yo voy a transformarme en caballo con nieve; esto será más verosímil. Tú, Mathilde, también eres un caballo.
- ¡Caballo! ¡Caballo! ¡Caballo! -graznó Mathilde, bailando histéricamente sobre la cabeza de Tártaro.
Lucrecia se arrojó a la nieve, que ya tenía mucho espesor, y se enroscó dentro de ella, gritando:
- iTodos somos caballos!
Cuando se levantó el efecto era extraordinario. Si yo no hubiese sabido que era Lucrecia, hubiera jurado que se trataba de un verdadero caballo. Era tan bello, de una blancura tan cegadora, con sus cuatro finos remos como agujas y una crin que caía en torno a su larga cara como si fuese agua. Reía, alegre, bailando locamente en la nieve.
- ¡Galopa, galopa, Tártaro! Pero yo seré más veloz que tú.
Tártaro no cambiaba de velocidad, pero sus ojos centelleaban. Sólo se velan sus ojos, porque estaba cubierto de nieve.
Mathilde chillaba y se golpeaba la cabeza contra los muros. Yo bailaba una especie de polka para que el frío no se apoderase de mi cuerpo.
De pronto, advertí que la puerta estaba abierta y que en el umbral se encontraba una vieja. Estaba allí seguramente desde hacia mucho rato, sin que yo hubiese reparado en ella. La vieja miraba a Lucrecia con ojos fijos y perversos. De repente, temblando de furor, gritó:
- ¡Deteneos! ¿Qué es eso? ¡Vaya, señoritas! Lucrecia, ¿no sabe usted que este juego está estrictamente prohibido por su padre? iRidículo juego! Ya no es usted una chiquilla.
Lucrecia bailaba moviendo peligrosamente sus cuatro piernas cerca de la vieja, al tiempo que lanzaba penetrantes carcajadas.
- iDeténgase, Lucrecia!
La voz de Lucrecia era cada vez más aguda, se desternillaba de risa.
- Bueno -dijo la vieja-. ¿No me obedece usted, señorita? Bueno. Entonces, lo lamentará. Voy a conducirla ante su padre.
Tenía una mano oculta detrás de su espalda, pero con una rapidez insólita en una persona tan anciana, saltó sobre Lucrecia y le puso el freno en la boca. Lucrecia se lanzó al aire, relinchando de rabia, pero la vieja no se apeó. Seguidamente, nos agarró a mi por los cabellos y a Mathilde por la cabeza, y los cuatro nos vimos lanzados a una furiosa danza. En el corredor, Lucrecia empezó a cocear y rompió cuadros, sillas y jarrones de porcelana. La vieja estaba pegada a la espalda de Lucrecia como un molusco a la roca. Yo estaba llena de heridas; creí muerta a Mathilde: colgaba lamentablemente de la mano de la vieja como un trapo.
En medio de una verdadera orgía de ruidos, llegamos al comedor. Sentado al extremo de una larga mesa, un anciano caballero, más semejante a una forma geométrica que a otra cosa, terminaba de comer. Bruscamente, una calma absoluta se estableció en la habitación. Lucrecia miró a su padre con los ojos hinchados.
- Entonces, ¿vuelves a las andadas? -dijo el viejo, cascando una nuez-. La señorita de la Rochefroide ha hecho bien en traerte aquí. Hace exactamente tres años y tres días que te prohibí jugar a los caballos. Es la séptima vez que te amonesto, y seguramente estás enterada de que el número siete es el ultimo en nuestra familia. Me veo obligado, mi querida Lucrecia, a castigarte muy severamente.
La muchacha, bajo su forma de caballo, no se movió, pero las ventanas de su nariz palpitaron.
- Lo que voy a hacer es sólo por tu bien, pequeña -dijo el anciano, en voz muy baja. Y continuó-: Eres demasiado grande para jugar con Tártaro. Tártaro es para los niños. Por lo tanto, voy a quemarlo yo mismo hasta que no quede nada de él.
Lucrecia lanzó un grito terrible y cayó de rodillas.
- ¡Eso no! ¡Papá, eso no!
El anciano sonrió con gran dulzura y cascó otra nuez.
- Es la séptima vez, pequeña.
Lágrimas manaron de los grandes ojos de caballo de Lucrecia y cruzaron como dos riachuelos sus mejillas de nieve. La muchacha iba cobrando una blancura tan resplandeciente que era luz.
- ¡Piedad, papá, piedad! ¡No quemes a Tártaro!
Su voz aguda se hacia cada vez más delgada. Lucrecia estuvo pronto arrodillada en un lago de agua. Yo era presa de un miedo terrible de verla fundirse.
- Señorita de la Rochefroide, haga salir a la señorita Lucrecia -dijo el padre; y la vieja sacó de allí a la pobre criatura, mudada en un ser flaco y tembloroso.
Creo que él no había advertido mi presencia. Me oculté detrás de la puerta y oí al viejo subir a la habitación de los niños. A poco, me tapaba los oídos con las manos: unos espantosos relinchos se oían arriba, como si una bestia sufriese inauditas torturas..."

   -¡Fascinante, Martina! Qué manera de contarse a sí misma... Me acabo de acordar de Jean Rhys. Estoy leyendo Buenos días, medianoche y Sacha dice que está leyendo la autobiografía de una yegua. Y yo, curiosa de mí, meto el título en internet, por aquí, por allá... No existe. Y ahora me pregunto por qué puso a su personaje a leer ese y no la autobiografía de un caballo, un perro...
   -Dicen los estudiosos que todos sus personajes femeninos representan un momento u otro de su trayectoria vital, que sus novelas se pueden ordenar según su vida, bueno, menos Ancho  mar de los Sargazos.
   -Y también dicen, Martina, que muchas mujeres de su época, sobre todo de la preguerra, se sintieron reflejadas en sus novelas: pobreza, miedo, soledad, desvalimiento... yeguas de patas quebradas y alas cortadas.
   -¿Recuerdas, tita, el poema de Emily Dickinson con que abre Buenos días, medianoche? ¡Es precioso!
   -Pues me lo sé de memoria.
   -¿En serio, tía Blasina?
   -Sí, te lo recito y me bajo a la frutería, que me van a cerrar.
                  ¡Buenos días, medianoche!
                  Vuelvo a casa,
                  porque el día se ha cansado de mí-
                  ¿Cómo iba a cansarme yo de él? 

                  La luz del sol era deliciosa,
                  y deseaba quedarme-
                  pero la mañana no me quería allí-
                  por eso: ¡Buenas noches, día! 
                                       


domingo, 17 de julio de 2011

Pintoras surrealistas

  -En tu casa se está más fresco que en la mía, tita, ¿me das asilo esta tarde?

     
  -¿Qué ojeas, Martina?
  -Un libro sobre pintoras surrealistas. Mira, éste es de Leonora Carrington. Tenía desde pequeña un caballito de madera que se llamaba Tártaro en el que montaba y se sentía caballo, sentía que ella era un caballo. Cuando creció, su padre desesperado por su rebeldía de potranca decidió que debía madurar y se lo quemó. Leonora sufrió mucho.
  -Aquí ella escapa por la ventana.
  -Sí, el exorcismo de la creación. Mira éste de Maruja Mallo.
  -Si ves la huella como unos ojos, la hoja enmudece la boca.
  -Y los ojos-huella entristecen.
  -¡Qué lindo, Martina, qué tierno!
  -¿Cuál, tita?
  -El del tiempo de Remedios Varo, parece que lo ha pintado el espíritu de un niño. ... ¡Oh, qué poderío! Es fascinante... a ver... Leonor Fini. ¡Para hacerse una estampita y mirarla cuando una esté depre! Creo que daría mejor resultado que santa Rita.
  -Y éste de Norma Bessouet ¿te gusta, tita? 
  -Sí, mucho, ¿abre la puerta o cierra la puerta?
  -¡Qué cada ojo decida! ¿Qué buscas, tía Blasina?
  -Yo también tengo una.
  -¿Puerta?
  -No, lámina favorita. Mira.
  -... Tita, Arcimboldo ni es mujer ni es surrealista...
  -Es igual, me gusta, como si lo fuera. ¡Qué hombre más lúdico! Me motiva...
  -Tita, ya estamos...
  -Hija, una no es espíritu puro...
  -Pues ya no lo encuentras, es del XVI.
  -Dame tiempo, unos añitos más.

 
 

viernes, 24 de junio de 2011

Hacienda, mon amour...

   -¡Una tromba acaba de entrar por la puerta!
  -¡Se acabó, Tía Blasina, me desmarco del 15-M!
  -¿Qué te pasa, Martina? No te veo yo a estas alturas volando con las gaviotas y ya no tienes edad de ser un capullo...
  -Nada de eso, tita, antisistema.
  -¡Hija, que no tienes edad!
  -Ah ¿no? ¿Y la colillita “aromática” que encontré ayer encima de tu mesa camilla? ¿Es que estás en edad?
  -Claro, en más edad que nunca, a Adolfo ya no se le empina en condiciones y no quiere viagra, que él es muy naturista, así que nos despertamos la sensibilidad digamos... por cauces más extensos... Uuuh, cuando pones esa cara, Martina... Aunque intuyo que no es por mí...
  -¡Por Hacienda, divino tesoro! Me hago antisistema, tita. Hacienda me penaliza.
   -¿Te han puesto una multa? Pero si estamos todavía en plazo.
   -No, tía Blasina, me lleva poniendo la multa desde hace años, a mí y a más de uno.
   -Pues no me habías comentado nada...
   -¿Te acuerdas cuando vivía mi hija en casa? Pues no podía hacer declaración conjunta porque ella no trabajaba, estaba estudiando la carrera. Sin embargo, si un hombre trabaja y su mujer es ama de casa, o sea, no recibe remuneración por su trabajo, cosa que sigue pasando mucho, sí se puede hacer conjunta, son parientes en primer grado, ¿qué pasa, mi hija y yo no? Pues sanción implícita: cuantos menos estudios tenga una persona, mejor, que los hijos de separadas y divorciadas no estudien, que curren, así se les reconocerá que forman una “unidad familiar”.
   -Martina... ya tu hija no vive contigo, ahora por fuerza la haces individual.
   -Claro, ahora sí, pero ¿y antes, qué? ¿A cotizar más por estar divorciada? ¿Es que hay que seguir casados por narices para que Hacienda te quiera?
   -Hija, Hacienda siempre nos amará profundamente.
   -Y después está lo de desgravar por alquiler. Si tienes un sueldo que no es mileurista, no desgravas; si tienes más de treinta y cinco años, no desgravas, aunque si pagas hipoteca, sí.
   -Imposible, hija, te habrían quitado el piso, te habrían puesto de patitas en la calle, nadie te querría alquilar, el banco se quedaría con tu nómina para el pago de la hipoteca y te vendrías a vivir conmigo. Como sería una convivencia imposible, generaríamos una agresividad enorme, como nos apreciamos, buscaríamos la raíz de nuestras desavenencias, concluiríamos que es Hacienda y como no tenemos dinero para contratar a un hacker de Microsoft que les reviente los sistemas informáticos, no nos quedaría más remedio que prenderle fuego a una Delegación, nos cogería la policía, nos meterían en la cárcel, nos darían celdas separadas y ya no tendríamos problemas de mutua convivencia. Así tendrías vivienda gratuita, además, hay tele en la sala común, donde podríamos ver a sus señorías contando que hay que promover la cultura del alquiler.
  -Tía Blasina... ¿la colillita de la mesa camilla es lo que estabas fumando cuando llegué?
  -¡Ah, sí...! Cómo nos ama Hacienda... Mi borrador dice que tengo que pagarle 85€ y eso que soy pensionista...
   -¡¡Tita, dame la guía de las páginas amarillas!!... D... G, H, Ha...
   -Cuando encuentres uno, dile que mi ordenador va muy lento...

Enlaza con otras mujeres:  http://tiablasina.blogspot.com/p/mujeres-que-dicen.html

viernes, 20 de mayo de 2011

La jornada de reflexión de Tía Blasina

   -¿Lo has traído, Martina?
   -Sí, tía Blasina, la mitad del cuarto, como me dijiste.
   -¡Hummmm! ¡Qué rico, hija, cómo huele! ¿Quieres unos piquitos para acompañar? ¿Tinto?
   -No, tita, gracias, mientras que estaba en el almacén de Pepín he picoteado unas almendras. ¡Todo lo que trae de su pueblo está riquísimo!
   -¿Qué haces con esa rodaja, tita?
   -Pues lo que ves, Martina, envolverla en papel aluminio.
   -¿Pero una sóla para qué?
   -Para que no manche el sobre. ¡Ea, listo! Ya he decidido mi voto. No me mires con esa ceja, hija, que pareces Sean Connery. Estoy preparando mi papeleta, esta vez voy a votar por mi chorizo favorito.


lunes, 9 de mayo de 2011

SKUPe: Últimas noticias: Balance de la Feria de Sevilla.

          SKUPe: Una mirilla abierta a la noticia.
Desde la redacción de EL CONGRIO FEROZ, te contamos lo que está pasando de la mano de nuestros corresponsales y enviados especiales, todos ellos parientes de Martina y Tía Blasina.

   Pere Hill: Bloquedo el Servicio de Urgencias del Hospital Virgen del Rocío desde el inicio de la Feria de Abril. Más de un centenar de mujeres han ingresado en estos días en el Servicio de Urgencias de este centro hospitalario con al menos una oreja en la mano. El doctor R. Mendón nos confirma que no se trata de una epidemia de herpes, “sencillamente viajaban en Metro y sus vecinos no tenían donde agarrarse, por eso aconsejamos quitarse los pendientes de gitana durante el trayecto”.

   Mar Ykiya: Mueren atrapados por las puertas del Metro 109 volantes y 27 mantoncillos. Más de la mitad de las desgarradas dueñas iniciarán demandas contra la empresa.

   Fer Dabril: Una señora vestida de gitana descubre a un niño de año y medio ileso al bajar del C-2. “Fue cuando me arremangué los volantes para bajar del autobús que vi una manita, tiré y era el chiquillo”.

   Marifar Olillo: Encontrada una docena de sardinas en el primer vagón del Metro. “Nuestra mayor ilusión era ser sardinas en lata y ya lo hemos conseguido”, manifestó la portavoz al ser desalojadas en la estación de “Plaza de Cuba”.

   Pere Hill: El portavoz del Comité de Huelga de los Servicios de Limpieza del Metro muestra su descontento ante la noticia “El Metro, en Feria, más limpio que nunca”. “Esto es un boicot a nuestras reivindicaciones, no sólo no respetan los servicios mínimos, sino que han usado de mopa los volantes de los vestidos de gitana”.

   Al Humbrado: Una acción conjunta de los GEOs y las Fuerzas Especiales del Ejercito del Aire obligaron a descender a varios autobuses que sobrevolaban el espacio aéreo sevillano. La causa del suceso podría haber sido el amotinamiento de los volantes de los vestidos de gitana, que ante las apreturas e incomodidades que sufrían en los vehículos, decidieron echar a volar.

   Mar Ykilla y Pere Hill: Se acumulan las denuncias en las comisarías de la capital sevilla. Debido a los bruscos balanceos de los vagones del Metro, pendientes, collares, tetas de silicona, pulseras, prótesis de pene, flores y un largo etcétera de apéndices y abalorios han sufrido súbitos desplazamientos. Algunos de los afectados han hablado con nosotros: “Cuando salí del Metro y me vi con un par de tetas turgentes y en su sitio”, nos cuenta Remigia, una anciana de 94 años, “decidí que volvería a casa a pie ¡ni pensar en perderlas!”. Su nieto, un parado de 38 años con depresión, añade “Yo casi no me lo creo, llevo empalmado desde entonces porque no sé como se baja el mecanismo, mañana tengo cita con la psiquiatra y se lo consultaré”.

   Fer Dabril: La nota trágica de este  balance la pone el hallazgo, en un estado próximo al coma y en su propio consultorio, de una psiquiatra del Centro de Salud del barrio de El Congrio. La policía investiga a los pacientes que pasaron consulta el día en que fue encontrada, ya que la única pista de la que se dispone hasta el momento son las palabras que repite de continuo la propia doctora: “Ni te lo arreglo, ni te doy el alta”.


viernes, 6 de mayo de 2011

EE.UU. asesina a Ben Laden, aunque con otro verbo

   -Por favor, Martina, léeme la primera entrada de "asesinar" que viene en el diccionario de la R.A.E.
   -"Matar a una persona con premeditación, alevosía, etc."
   -Es curioso, los titulares de la noticia siempre dicen "Muere Ben Laden".
   -Ya sabes, tía Blasina, que actualmente se estila ser políticamente correcto.
   -Esa foto me produce repugnancia, Martina.
   -Son un país en el que la pena de muerte aún existe y creo que se puede asistir a ellas. Ellos están asistiendo a una ejecución.
   -¿Qué me dices de la cara del hombre de la izquierda? 
    -Muere, cabrón, ya era hora.
   -Hillary Clinton parece que se espanta.
   -A Obama si lo cortas y lo pegas en un partido de beisbol se diría que está preocupado porque su equipo va perdiendo la final.
   -Si mal no recuerdo, antes EE.UU. hacía estas cosas con disimulo.
    -Y si a mí no me falla la memoria, tita, los servicios secretos suelen ser unos linces.´
    -Pues ahora están de capa caída, hija, porque ni los americanos ni los israelíes y menos los pakistaníes, sabían donde estaba hasta hace dos días como quien dice.
    -Casualidades de la vida, tita.
    -Menos ironía, Martina, que el tema se las trae, porque una vez que ha quedado legalizado y aceptado por la comunidad internacional el asesinato de personas non gratas y desde hace años la misma no dice ni pío de forma contundente y seria sobre las torturas en Guantánamo, tú me dirás que nos queda por ver, que cuelguen los cadáveres para escarmiento público como la Inquisición ¿no? Ya tengo unos años, hija, y estoy hasta el moño de ver siempre lo mismo. Franco malo malísimo, con las cárceles llenas, las torturas y las penas de muerte y ejecuciones, a Randsfeld no hay quien le tosa; si jefes de estado de países asiáticos, africanos o sudamericanos hacen encarcelar, torturar y matar son unos dictadores abominables, pero riámosles las gracias al señor Obama. Que lo de las torres gemelas fue una tragedia, cierto, pero si eso es excusa, la historia de todos los países tiene sus propias tragedias, ¿qué hacemos, masacrarnos unos a otros?
   -Tía Blasina...
   -¿Qué estoy diciendo una burrada? Lo sé, hija, pero lo mío es depotricar, lo de ellos ejecutar su dominio sobre el mundo sin el más mínimo miramiento ni ética. Ellos tienen derecho de veto en los organismos internacionales, nada se puede decidir sin su consentimiento; les otorgamos el derecho tácito a asesinar a sus oponentes, y torturarlos; el derecho político de invadir países y destrozarlos para salvarlos y para más inri les ayudamos; hasta trozos de nuestro país es de ellos y ni se les ocurre a nuestros gobernantes decirles ¡oye, chicos, que en EE.UU. sobran metros cuadrados! Y con esto no te quiero decir, Martina, que le tenga manía a los estadounidenses, no, hija, no. Es un país de personas en que los pobres lo pasan muy mal, sin sanidad ni educación adecuada a su alcance, en el que la obesidad, las armas, el consumo de fármacos antidepresivos y ansiolíticos son moneda corriente; un lugar en el que la sexualidad no es libre de expresarse, donde te miran hasta las fundas de las muelas para entrar en su país...
   -Para, tita.
   -¡Si hasta el comunismo sigue siendo el coco! Aunque un coco desfasado, porque desde hace años lo han cambiado por el hombre del saco: musulmán y terrorista.
   -Tía Blasina, si un estadounidense te escuchara se podría ofender y puede que te mandara a hacer puñetas.
    -O puede que encontráramos motivos de diálogo, porque en todos los sitios se cuecen habas...

lunes, 2 de mayo de 2011

Las pollas, preferidas de Tía Blasina

   -¡Cuánto me gustan las pollas, Martina!, sobre todo las pequeñitas, tan saltarinas y vivaces. El otro día vi una que me sorprendió, tan quieta, sobre sus huevos, tan serena... hasta que se levantó y ¡vi el tamaño de los huevos! Nunca imaginé que algo tan pequeño tuviera unos huevos tan grandes. Mira, Martina, aquí tengo las fotos, en mi álbum favorito, para contemplarlas de vez en cuando hasta que vuelva a disfrutarlas un día de éstos.
   -¡Son lindas, tía Blasina! Estas fotos son de otras más grandes...
   -Sí, pero esas me gustan menos. A mí me van las pequeñitas, son más inquietas, van y vienen con mayor ligereza y salero, ¡son encantadoras!, un placer, las disfruto más que las grandes. Éstas son más confiadas, lentas, menos vivaces. ¡Cómo las pequeñas, ninguna! Además, Martina, parecen más suaves, dan ganas de acariciarlas...
   -Me gustan tus fotos, tita, no has escatimado en buscar perspectivas originales...¡hasta de los huevos!
   -No sé por qué, hija, pero las pollas de agua son mi debilidad, me encantan, será porque se pasan la vida junto al mar...
   -¡Bueno, tita, algún día te tocará la lotería y podrás comprar una casita en la playa!
   -Ay, Martina, a mi edad mejor voy de hoteles y buscando el sitio más hermoso para que esparzas mis cenizas.
   -Con las pollas, te lo prometo, tía Blasina.

                                            A Urora, con kguiño.

viernes, 22 de abril de 2011

La S.S. tras Martina y Tía Blasina

   -¡Tía Blasina, no te esperaba hasta mañana!
   -Y yo no me esperaba a mí misma de vuelta. ¡Cómo llueve en la playa, hija, bañarte no puedes, que hace frío, pero lo que es ducharte, a placer! Y tú qué ¿disfrutas de tu puente?
   -Lo comencé dándome un baño de multitudes.
   -¿A lo político V.I.P.?
   -A lo gárrulo. El miércoles fui a ver a unos amigos y a la vuelta de una esquina me agarró una turbamulta, me arrastró y desemboqué frente a una Virgen. Allí me tuve que quedar clavada dos Cristos y una Virgen más, hasta que logré gusanear lo suficiente como para llegar a una pared y seguirla hasta una calle más despejada. Llegué más de una hora tarde a mi cita dando vueltas y revueltas para no toparme con cofradías ni cofradieros.
   -¡Bah!, parece que no conoces esta ciudad en Semana Santa. Hay que andar de oído, al más mínimo porrompón hay que huir.
   -Como tú el lunes, ¿no?
   -Pero aquello era por una buena causa, Martina, necesitaba a toda costa sacar el billete de autobús para la playa... Entre eso y quedarme en la ciudad, tú me dirás. Además, como el oído me avisó y vi un Cristo cabizbajo y maniatado a lo lejos pude bordear, sólo tardé un cuarto de hora más en llegar a mi objetivo. Además, nadie me podrá decir que no veo cofradías, aunque sea a las cuatro de la tarde, ésta la vi. 
   -En qué quedamos, tita, ¿la viste o la bordeaste?
   -Fui al margen hasta que llegué a la calle que me interesaba, ¿me pego a la pared o rodeo la manzana? Como quien venía era la Virgen, segundona siempre como manda la Santa Madre Iglesia, pensé: detrás se acaba todo. No es que fuera exactamente así, pues tras la Virgen un tropel de gente, queriendo adelantarla, empujaba o arremetía con el carrito del bebé, sin embargo tuve paciencia y vi el resto de la procesión: cerrando la marcha dos furgones de la policía, el camión del servicio de limpieza municipal y un rosario de penitentes desperdigados, uno de ellos, algo acalorado, que se apresuraba con los faldones arremangados y luciendo unos calcetines de deportes blancos. Como verás, Martina, no fue una experiencia nada traumática. Querida, aún llueve ¿nos vamos a pasear un rato?
   -Espera que consulte internet, tita, a ver si con suerte llueve en las próximas dos horas y nos da tiempo de tomar un cafetito también.
   -Te va a castigar Dios...
   -Ya lo hizo el miércoles, tía Blasina, y desde entonces no he vuelto a pecar.
   -Pero yo sí.

                        (Dedicada, con mucho cariño, a I. B. A.)

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