domingo, 1 de enero de 2012

La descastada tita

  -¡Tita, cuánto tiempo sin verte!
  -¡Un abrazo, Martina, déjame que te achuche! Aunque tampoco es para tanto, hija, que de lo único que me he librado es del Fin de Año.
  -Te escapaste el veintiséis a traición, ¿dónde has estado?
  -En la playa, churruscándome con el sol invernal y embargándome con las olas, el cielo, las pollas,... en fin, disfrutando de la ausencia de lucecitas, compradores navideños y humos emplomados.
  -¿Es que te ha salido otro noviete, tita?
  -¡Ay, por dios! ¿Es que nadie conoce las pollas de agua? 
  -Ja, ja, ja... vale, se me olvidaba tu pasión por esos animalitos...
  -Parece que nadie las haya visto nunca correteando y picoteando por la orilla del mar. Bueno, Martina y tú ¿qué?
  -Yo, de encerrada en el trabajo a encerrarme en casa, a ver si así parecía menos navidad, pero a la primera de cambio se me olvidaba apagar los anuncios y ...
 -Cuando volvías a la salita te olía a oooodiggotieooooodigochaas.
  -Más o menos, estuve un día en un tris de comprar zotal. Pero también me he hinchado de leer tita.  
  -Suelta.
  -"La hija del clérigo", de Orwell, que no te la aconsejo si no la lees con Prozac, aunque teniendo en cuenta que es de la década de los 30 y si ya te has leído a Jean Rhys...
  -Pues nos acercamos al retrato de lo que va a ser nuestra década. Te habrás quitado el sabor de boca ¿no?
  -Sí, del hiperrealismo al hiperdescriptivismo, he vuelto con Proust después de meses de ponerle los cuernos con unos y otras. Hemos hecho las paces y ahora nos acostamos juntos ¿y tú?
  -Yo ahora me acuesto con Ramiro, que es como un libro abierto y aún le funciona el marcapáginas.
  -Pregunto que qué estás leyendo ahora, tita...
  -Ahora a ti querida, que eres otro... Dame un beso, anda, que me voy a recoger tu regalo de Reyes, no vaya a ser que te vean con ese ceño, se arrepientan y te echen carbón.